Cómo funciona
Cada inmersión se agenda con su anfitrión, así que no hay salidas fijas: se cotiza con la fecha, el número de personas y el idioma. Se combinan entre sí y con cualquier itinerario de Ciudad de México.
Babinger es nuestra línea de inmersiones culturales únicas en Ciudad de México. No son tours ni paquetes turísticos convencionales. En su lugar, son actividades que conectan a viajeros con abuelas, sanadores, cocineros y muchas otras personas dispuestas a compartir sus conocimientos.
Sabores únicos, artesanía, baile y una conexión honda con la naturaleza. Inmersiones que nos devuelven al saber que nos pasaron nuestras abuelas.
Tierra
El mercado sobre ruedas que el barrio monta y desmonta cada semana, recorrido con quien compra ahí todos los días. Se come de pie, se pregunta a los marchantes y se entiende cómo se abastece la ciudad de verdad.
Tierra
Moler, batir la masa y envolver la hoja, al lado de quien lleva media vida haciéndolo. El taller termina comiéndose los tamales que uno mismo armó.
Tierra
Las bordadoras tsotsiles enseñan sus puntadas y lo que cuenta cada figura, que en Chenalhó nunca es decoración sola. Se sale con una pieza empezada y con la historia que lleva dentro.
Tierra
Una cena en la que cada plato sale de un libro y se cocina mientras se cuenta de dónde viene. La sobremesa es parte del menú.
Tierra
Tres cantinas de las de siempre, de la mano de un cliente de la casa y no de una lista. Lo que se bebe importa menos que lo que se oye en la barra.
Tierra
La bebida más vieja del valle, en los locales que la siguen sirviendo como se servía. Se cata natural y curado, y se aprende a distinguir el pulque bueno del que no lo es.
Tierra
Mezcales de pueblo que no llegan a las estanterías, catados con quien conoce a los maestros que los destilan. Cada botella viene con el nombre de quien la hizo.
Tierra
México lleva cuatro siglos haciendo vino y casi nadie lo sabe fuera. Una cata guiada por valles y castas, con quesos y platos que las acompañan.
Tierra
Un paseo botánico por el bosque más antiguo de la ciudad, planta por planta y con nombre propio. Lo que parece jardín resulta ser una farmacia de mil años.
Tierra
Salir del valle hacia el bosque de niebla que lo rodea, con quien sabe leerlo. Cascadas, musgo y un silencio que en la ciudad no existe.
Tierra
Se cosecha en la chinampa lo que media hora después va al molcajete. Cocinar sobre la última agricultura viva de la ciudad, con la familia que la sostiene.
Tierra
Reconocer, cortar y preparar las plantas medicinales que crecen en la chinampa, con quien las usa a diario. Se vuelve con un remedio hecho por uno mismo.
Encuentros creativos con quien sabe del oficio. Inmersiones de juego en la imaginación y en la cultura material mexicana.
Aire
La colonia Roma contada por sus poetas, sus terremotos y sus bares, caminando de tarde a noche. Menos arquitectura y más quién vivió aquí y por qué se fue.
Aire
Galerías y estudios abiertos con cita, no salas de museo. Se conversa con quien está pintando ahora mismo, y a veces se compra.
Aire
Las esquinas donde se rodaron las películas que contaron esta ciudad, vistas desde el metro y la calle. La escena, y después el lugar tal como está hoy.
Aire
Dos horas en el estudio de un pintor en activo, con sus materiales y su método. Se sale con un cuadro propio, terminado o no.
Aire
Cincel, martillo y papel de china, la técnica de las fiestas de pueblo. Cada figura tiene su motivo y su fecha, y se aprenden las dos.
Aire
Armar y pintar un alebrije en el taller de una familia artesana, con sus moldes y sus colores. El bicho que salga se lo lleva uno.
Aire
Coyoacán no como el decorado de la Casa Azul, sino como el barrio donde alguien se vestía, comía y discutía cada día. El vestido, el peinado y las flores, explicados por dentro.
Aire
Partidas en los cafés y plazas donde se juega en la ciudad, contra quien juega ahí a diario. Entre jugada y jugada, la historia mexicana del tablero.
Aire
Las sinagogas del Centro Histórico y la historia de quienes llegaron de Siria, Polonia y Turquía a este barrio. Una ciudad dentro de la ciudad, contada por dentro.
Viajes callados hacia la transformación y la presencia. Descubrir la magia del sonido, el humo, el cacao, las flores y otros rituales tradicionales mexicanos.
Agua
Práctica al aire libre en el bosque, cuencos y tambor, y cacao ceremonial para cerrar. Dos horas quietas en medio de veinte millones de personas.
Agua
La misma ceremonia, pero en casa de la facilitadora y en grupo pequeño. Se entra descalzo y se sale conociendo a todo el mundo.
Agua
Respiración guiada primero, agua helada después, con el sol cayendo. Incómodo durante tres minutos y difícil de olvidar el resto del viaje.
Agua
La lectura del tonal —el signo con el que se nace, según el calendario mexica— y después el temazcal. Lo que se dice dentro se queda dentro.
Agua
El baño de vapor prehispánico conducido por un temazcalero, con rapé y canto. No es un spa: es una ceremonia, y dura lo que dura.
Agua
Los granos de maíz se echan sobre el paño y contestan lo que se pregunta, como se hace en el centro de México desde hace siglos. Una consulta personal, no un espectáculo.
Música, calor y celebración. Experiencias para reencontrarse con la identidad y la sensualidad.
Fuego
La Zona Rosa y el Centro contados por quien estuvo en las primeras marchas. Bares, memoria y las peleas que hicieron posible lo de hoy.
Fuego
Clase para principiantes en un estudio de la ciudad: primero fuerza, después giros, al final coreografía. Se acaba con más agujetas de las esperadas.
Fuego
Una trajinera por los canales con show drag a bordo, música y comida. Xochimilco de noche y en otra clave.
Fuego
Recorrido nocturno por la escena swinger de la ciudad, con acompañamiento y entrada resuelta. Solo adultos y con reserva previa.
Fuego
La misma escena, embarcada: trajinera privada por los canales de Xochimilco, con música y bebida. Solo adultos y con reserva previa.
Cada inmersión se agenda con su anfitrión, así que no hay salidas fijas: se cotiza con la fecha, el número de personas y el idioma. Se combinan entre sí y con cualquier itinerario de Ciudad de México.
Babinger, nuestra línea de inmersiones en Ciudad de México: mesas, talleres y ceremonias en casa de quien las hace.